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domingo, 27 de diciembre de 2015

EL POTRO

 A veces  pienso que somos los  libros  que leímos. 

Después de leer tantos  libros de aventuras y de hazañas bélicas durante la niñez uno piensa ser  protagonista de aquellos relatos. Lo  mismo sucede  con el cine. Lo he sido todo: indio, vaquero, misionero, pirata , gangster, chulo...

Pero llega un día en que la incertidumbre  te pone frente a un desafío real y en lugar de portarte como el héroe que se supone que eres , te conviertes en un cobarde gallina, capitán de las sardinas.

Cuando   pillaron al actor Hugh Grant con un  zorrón  en Hollywood  se me cayó el alma a a  los pies. Lo mismo me sucedió cuando supe que Cary Grant gustaba de llevar ropa interior de mujer,o que Erol Flyn era un  pederasta  .

Actores de Hollywood que en la pantalla salvaron la vida de miles de personas , en la vida real han sido lo  pior de lo pior.

La vida  no es cine, ni literatura. La mayoría a la hora de la verdad  somos unos  pringaos. 

Descubrirse valiente o cobarde, leal o traidor suele ser una sorpresa que uno se lleva con los años. 

En el colegio  teníamos clase de gimnasia . Mientras unos niños corrían hacia el potro sin pensar en las consecuencias de su salto, otros gustaban de hacer ejercicios  de gimnasia obedeciendo los pitidos de un pobre hombre que había hecho  la guerra e  impartía  Formación del Espíritu Nacional.

El potro y esos  ejercicios de gimnasia son dos formas de estar en el mundo que no cambian con la edad. 

La carrera hacia  el plinton   en ocasiones  terminaba con un choque fatal  de  tus  testículos sobre la punta de madera del toro . Pero allí estabas. Correr hacia el potro  es un ejercicio que le mantiene a uno siempre joven, porque permite equivocarse y meter la pata, ser libre y dejarte  las pelotas.

En cambio es muy  triste  ver a antiguos colegas  tripones y  torpes , hechos una ruina, lanares y   bovinos, jadeando al ritmo del  silbato  de  los fanáticos  del mundo: del dinero, de la política, de la religión. 


1 comentario:

  1. Hay que saltar todos los días. Y dejarse los huevos en cada salto.

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